Sobre no saber qué decir
Hay momentos en los que no sabemos qué decir.
Nos quedamos en silencio frente al dolor del otro…
con la sensación de que deberíamos encontrar las palabras adecuadas.
Las que consuelen.
Las que alivien.
Pero no siempre llegan.
Y en ese no saber, a veces dudamos:
si hablar, si callar, si acercarnos o retirarnos.
Con el tiempo he ido comprendiendo algo muy simple:
no siempre es necesario decir.
Hay una forma de acompañar que no pasa por las palabras.
Estar.
Permanecer.
Sostener en silencio.
A veces, lo más valioso que podemos ofrecer
no es una frase bonita…
sino una presencia verdadera.
Una mirada que no huye.
Un cuerpo que se queda.
Un corazón que no necesita entender para poder amar.
Porque cuando alguien está atravesando el dolor,
no necesita soluciones.
Necesita sentir que no está solo.
Quizá no se trate de saber qué decir.
Quizá se trate, simplemente,
de atreverse a quedarse.