Mi manera de estar
Me llamo Montse Gómez y acompaño a personas en momentos de pérdida, transformación y tránsito vital. Mi trabajo nace del deseo profundo de estar presente cuando la vida duele, se transforma o se vuelve incierta.
Acompaño desde una presencia consciente, humana y respetuosa, creando espacios seguros donde el dolor, las preguntas y las emociones pueden ser acogidas sin juicio. Cada proceso es único, y mi manera de acompañar se adapta a la persona y al momento que está atravesando.
La mediumnidad forma parte de mi camino y de mi servicio, entendida como una herramienta de conexión, comprensión y alivio emocional, siempre ofrecida desde un enfoque ético, consciente y cuidadoso.
Creo profundamente en la importancia de no atravesar solos los momentos difíciles. Por eso, mi acompañamiento busca sostener, dar sentido y abrir espacio a lo que necesita ser escuchado, honrado o integrado.
Mi camino
Hay momentos en la vida que marcan un antes y un después. Instantes que, en un abrir y cerrar de ojos, cambian nuestro rumbo para siempre y nos conducen hacia un destino que jamás habríamos imaginado. A menudo, para encontrar la luz, es necesario atravesar la oscuridad. San Juan de la Cruz lo llamó “la oscura noche del alma”. Así fue también mi camino.
El punto de inflexión en mi vida fue la trágica muerte de mi marido, el amor de mi vida. Una pérdida que quebró por completo mi mundo y me sumergió en un profundo proceso de dolor, cuestionamiento y transformación. No fue un cambio elegido conscientemente; fue una experiencia impuesta por la vida, que con el tiempo comprendí como una llamada profunda hacia mi verdadero camino.
Antes de aquel día, vivía desde la inconsciencia, desconectada de mí misma, atrapada en expectativas ajenas, en la queja, en la búsqueda constante de algo que no sabía nombrar. Tenía aparentemente “todo”, pero por dentro me sentía vacía, perdida, viviendo más en modo supervivencia que en verdadera presencia.
La pérdida lo derrumbó todo. Y desde esa ruina comenzó una búsqueda interior intensa y sincera. Tuve que soltar antiguas creencias, reconstruirme desde los cimientos y abrirme a una comprensión más profunda de la vida, de la conciencia y del alma. Llegaron a mí enseñanzas espirituales, terapias, estudios, experiencias expansivas y un proceso profundo de desaprendizaje y reconexión con quien realmente soy.
Fue en ese camino donde descubrí algo esencial: mi sensibilidad mediúmnica y mi propósito. Comprendí que mi misión no era solo sanar mi propio dolor, sino acompañar a otras personas en los momentos más sagrados y delicados de la existencia: el tránsito, la muerte, el duelo y la comunicación entre planos.
Hoy acompaño procesos de transformación, despertar y despedida desde un lugar humano, ético, respetuoso y consciente. Mi trabajo se basa en la presencia, la escucha profunda, la mediumnidad vivida con responsabilidad y el acompañamiento amoroso en los procesos de pérdida, muerte y evolución espiritual.
Nada de este camino ha sido fácil ni rápido. Ha requerido entrega, honestidad y atravesar grandes pérdidas. Pero también ha sido uno de los mayores regalos de mi vida. Incluso hoy siento que, al partir, mi marido me dejó un acto supremo de amor: la oportunidad de volar, de despertar y de poner mi don al servicio de otros.
Actualmente vivo desde una conciencia distinta: con mayor responsabilidad, compasión, humildad y confianza en la vida. He aprendido a amar sin apego, a aceptar sin resignarme, a escuchar sin juzgar y a acompañar desde la verdad del alma.
Sigo caminando, aprendiendo y sirviendo. Y lo hago con gratitud profunda por cada paso, cada sombra y cada rayo de luz.