No hay nada que superar
A veces escucho expresiones como:
"Tienes que pasar página."
"Ya han pasado varios años."
"Debes seguir adelante."
Sé que suelen decirse con buena intención.
Pero cada vez que las escucho me pregunto:
¿Y si el duelo no fuera algo que hubiera que superar?
¿Y si no se tratara de olvidar, de dejar atrás o de cerrar definitivamente una etapa?
Cuando perdemos a alguien que amamos, nuestra vida cambia.
No volvemos a ser exactamente quienes éramos antes.
Y quizá no sea necesario.
Quizá el objetivo no sea regresar a la persona que fuimos.
Quizá el camino consista en aprender a vivir con una ausencia que, poco a poco, encuentra su lugar dentro de nosotros.
No para ocuparlo todo.
Pero tampoco para desaparecer.
El amor deja huellas.
Y esas huellas forman parte de nuestra historia.
No necesitamos borrarlas para seguir viviendo.
Podemos seguir creciendo.
Podemos volver a reír.
Podemos volver a ilusionarnos.
Y al mismo tiempo seguir amando a quien ya no está físicamente.
Porque el duelo no siempre pide ser superado.
A veces solo pide ser escuchado.
A veces solo pide tiempo.
Y otras veces pide algo mucho más sencillo:
que dejemos de luchar contra él.
Quizá sanar no consista en olvidar.
Quizá sanar consista en aprender a caminar con amor junto a aquello que nunca desaparecerá del todo.
Hay ausencias que no se superan.
Se integran.
Y desde ahí, poco a poco, la vida vuelve a florecer.